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Mejorar la eficiencia energética en la industria acarrea beneficios inmediatos como una reducción de las emisiones y del consumo energético, una mejora de la imagen corporativa de la empresa y, sobre todo, una mayor sostenibilidad y ventajas competitivas gracias a la reducción de costes.

EIG es una empresa con más de 25 años de experiencia ayudando a empresas a lograr que estas optimicen tanto sus procesos productivos como la eficiencia energética de los mismos en la industria.

A lo largo de la última década, estamos viendo cómo la concienciación de cada estrato de la sociedad en materias como la sostenibilidad y el respeto del medio ambiente no para de crecer. La sensación de que estamos ante quizás la última oportunidad de legar a las próximas generaciones un mundo en unas condiciones al menos tan buenas como el que nosotros recibimos no hace sino aumentar tras cada noticia o estudio sobre los efectos del cambio climático o de la crisis energética que parece estar avecinándose.

En este contexto, el sector industrial es uno de los que más peso tiene sobre sus espaldas a la hora de conseguir dichos objetivos tanto por su enorme huella de carbono (responsable del 30 % de las emisiones contaminantes a nivel global) como por su elevado consumo energético (consume un 40% de la electricidad generada en el planeta).

Además, como comentábamos en el primer párrafo de este texto, la concienciación de la sociedad, y por ende de los consumidores, en este aspecto está en continuo crecimiento.

De esta manera, lograr reducir tanto la huella de carbono como el consumo energético, aportará a la empresa ventajas competitivas en lo referente a conseguir reducir sus costes operativos, sino también una mejor imagen de marca y un mayor volumen de ventas.

Mientras, por un lado, su imagen de marca se verá reforzada al asociarse a términos como sostenibilidad o respeto al medio ambiente, pudiendo incluso lograr certificaciones y galardones que mejore la percepción del público sobre ellas; por el otro pueden ver cómo gracias a esto mismo llegan a un mayor número de clientes y, por lo tanto, aumenta su volumen de negocio y ventas.

Sin embargo, la industria ha de lograr reducir estas cifras sin que eso afecte a aspectos como su nivel de producción, facturación y competitividad. No solo por su propia supervivencia, sino por el interés común de la sociedad en mantener su actual nivel y calidad de vida.

Entonces, la gran cuestión que sobrevuela al sector industrial a nivel mundial es ¿Cómo podemos reducir nuestro consumo energético y emisiones de carbono sin que esto afecte a nuestra capacidad productiva?

Y solo hay una respuesta posible: la eficiencia energética.

Eficiencia energética, la gran aliada del sector industrial

La única manera de mantener cierto nivel de producción, y a la vez reducir el consumo energético y las emisiones de la industria es lograr dos cosas: optimizar los procesos productivos para que estos logren los mismos resultados finales de una manera más eficaz, y sacar el máximo provecho de cada unidad de energía empleada en los mismos.

Para lograr esto, un error común reside en pensar que con actualizar los equipos por otros más eficientes. Y sí, esta es una manera de lograr ciertos resultados inmediatos, pero a medio y largo plazo es poco más que un parche. Además, uno demasiado caro y que se ha de cambiar cada cierto plazo.

Cómo mejorar la eficiencia energética de una instalación industrial

Aunque casi en cualquier punto de una empresa industrial se puede llevar a cabo una acción susceptible de mejorar la eficiencia energética de la misma, hay ciertos sistemas que, a lo largo del tiempo, han demostrado ser los óptimos y eficaces a la hora de lograr este objetivo. Entre ellos destacan:

  • Energía reactiva: el consumo eléctrico aparente de los equipos industriales aporta una parte de energía reactiva que no se consume y que las compañías eléctricas penalizan, almacenar este excedente en baterías de condensación permite reducir la factura energética y optimizar el consumo.
  • Arranque de motores: la incorporación de variadores de frecuencia permite un arranque más suave de los motores, lo que evita los picos de consumo en el inicio y ofrece un importante ahorro energético. Además, este arranque suave es menos agresivo para los motores, lo que prolonga su vida útil y reduce las averías.
  • Armónicos: las fuentes de alimentación de CA-CC para los equipos electrónicos inyectan a la red armónicos nocivos generan calentamiento y provocan pérdidas en las líneas, así como posibles disparos intempestivos. El análisis de la red y su compensación con filtros LC anti-armónicos mejora la eficiencia de la instalación.
  • Iluminación LED: la sustitución de las tradicionales lámparas de descarga o vapor de sodio en las campanas industriales, por proyectores y campanas LED aportan una mayor vida útil de las luminarias, con el consecuente ahorro en su mantenimiento y una reducción del consumo eléctrico cercana al 80 %.
  • CEM compatibilidad electromagnética: ciertos procesos industriales como hornos, soldadura, equipos, etc. producen una emisión de ondas electromagnéticas tanto en baja como alta frecuencia, que pueden producir interferencias en equipos de proceso y autómatas, originando una pérdida de información y ralentizando procesos. Su protección y limitación garantizará el funcionamiento correcto de los sistemas.
  • HVAC: la utilización de equipos de climatización eficientes basados en sistemas de intercambio de calor con el aire, permiten una gestión más precisa y constante de la climatización, que se traduce en un menor consumo eléctrico.
  • Energías renovables: las cubiertas de las naves industriales son una superficie excelente para la instalación de unos paneles fotovoltaicos que aportan energía eléctrica adicional a los consumos. En un contexto como el actual, con el precio de la energía marcando máximos históricos, el retorno de la inversión en este tipo de soluciones es inferior a los 3 años, lo que provoca un ahorro directo importante en la factura eléctrica, así como una mejora del coste productivo y la competitividad de la empresa.
  • Industria 4.0: la incorporación del control y automatización de los procesos presentes en la “Industria 4.0”, no solo es necesario en los procesos productivos para la mejora de productividad, costes y la consecuente competitividad de las industrias, sino que debe hacerse extensivo a nivel global de la infraestructura “site”. máximos históricos, el retorno de la inversión en este tipo de soluciones es inferior a los 3 años, lo que provoca un ahorro directo importante en la factura eléctrica, así como una mejora del coste productivo y la competitividad de la empresa.

La supervisión y control de los consumos de cada uno de las áreas y agentes involucrados en el proceso productivo de una instalación industrial permite una optimización total de la misma. Mediante sistemas de gestión específicos podremos optimizar los consumos, priorizar procesos, evitar averías, realizar chequeos y mantenimientos preventivos.

En definitiva, las tecnologías 4.0 para la industria permiten una optimización de las instalaciones en general, tener información precisa en cada momento y mejorar la eficiencia energética de la planta industrial.

EIG, expertos en optimizar los procesos operativos y mejorar la eficiencia energética de las empresas industriales

La mejor manera de optimización del consumo de energía, para así no solo reducir este y las emisiones de carbono, así como lograr una significativa reducción en los costes operativos que se va a trasladar en una mayor competitividad es realizar un proyecto integral de mejora de eficiencia energética.Eficiencia energética en la industria

Para ello, es fundamental encontrar un socio cuya experiencia, conocimientos y equipo realice un análisis pormenorizado de la empresa para identificar costes ocultos o de difícil cuantificación, y descubrir en qué áreas sería más fácil y efectivo sería llevar una acción de mejora de la eficiencia energética.

En este aspecto, EIG es una empresa con más de 25 años de experiencia y una ingeniería propia, que dedica a cada proyecto todos los recursos y conocimiento necesarios para transformar una idea en una realidad, soluciones integrales y a medida, desarrollando y adaptándose a las necesidades requeridas.

El sector industrial es uno de los que más peso tiene sobre sus espaldas a la hora de conseguir dichos objetivos tanto por su enorme huella de carbono.